después de de pasear a la Godiva con el par de zapatos que me compré para el matrimonio de una amiga (pésima idea, pero tenía que amansarlos) quedé con mi dedo chico super adolorido, por lo que se me ocurrió que un poco de crema lo podía aliviar, fue entonces cuando fui a la pieza de mi mamá y le dije te voy a sacar un poco de tu crema, y ella me dijo 'las cremas, que fantástico invento' y repentinamente se me vino a la cabeza el cuadro de Magritte Ceci nest pas une pomme... ja, no, sino que me quede pensando, a medida que me dejaban de doler los pies, y recordé ese dato de que si las pomadas se llaman así, es porque como están hechas fundamental% de grasa, para que no tuviesen tan mal olor, los franceses las perfumaban con olor a manzana, pomme, así derivó a pommade, y para nosotros pomada, la que venden en las farmacias y la que se cree no sirve para nada... yo creo en las pomadas, así como creo en el horóscopo, el feng shui y la buena suerte que traen las chinitas. pero lo que pensé en ese entonces no tiene que ver con esto, sino en la fe que las mujeres le tienen a las cremas, o la suerte de dependencia que una empieza a desarrollar a medida que las líneas de expresión (que eufemismo más sutil para decir arrugas) empiezan a aparecer. es terrible, pero a la vez muy divertido... el ritual de belleza de antes acostarse es como el prender velitas a un santo, es confiar que tal producto va a retardar el envejecimiento, puede que este credo no sea que otra cosa que el resultado de una cultura que idolatra la eterna juventud, y de hecho lo es, pero un poco de santeria no le hace mal a nadie... ¿o si?




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